¿Se puede usar agua del grifo en hidroponía? Cloro, dureza, pH y EC explicados paso a paso

 La calidad del agua para el cultivo hidropónico


¿El agua del grifo sirve para cultivar en hidroponía?

Cuando comenzamos un cultivo hidropónico solemos preocuparnos por las semillas, los nutrientes, la iluminación o el sistema que vamos a utilizar. Sin embargo, hay un elemento todavía más básico: el agua.

En hidroponía las raíces no están protegidas por la tierra. Están directamente en contacto con una solución formada por agua y nutrientes. Por eso, la calidad del agua que utilizamos puede influir directamente en el desarrollo de las plantas.

Una de las preguntas más habituales entre quienes empiezan es:

¿Puedo utilizar directamente el agua del grifo?

En muchos casos sí. Pero antes de hacerlo de forma habitual conviene conocer algunas características básicas del agua.

No todas las aguas del grifo son iguales

Aunque parezca idéntica, el agua puede variar bastante dependiendo de la zona en la que vivamos.

Algunas aguas contienen una cantidad relativamente baja de minerales, mientras que otras presentan concentraciones elevadas de calcio, magnesio, bicarbonatos u otras sales.

Para una persona que bebe agua normalmente esto puede no tener demasiada importancia, pero en hidroponía sí la tiene.

¿Por qué?

Porque cuando añadimos fertilizante hidropónico también estamos incorporando sales minerales. Si el agua ya contiene una concentración elevada y añadimos más nutrientes sin tenerlo en cuenta, podemos terminar preparando una solución excesivamente concentrada.

Aquí entran en juego dos valores que cualquier aficionado a la hidroponía debería conocer: EC y pH.

¿Qué es la EC?

La EC significa conductividad eléctrica.

Dicho de una manera sencilla, nos ayuda a saber aproximadamente cuántas sales minerales están disueltas en el agua.

Si el agua contiene pocas sales, tendrá una EC relativamente baja.

Si contiene muchas, la EC aumentará.

Por eso resulta recomendable medir primero el agua antes de añadir el fertilizante.

Después añadimos los nutrientes, mezclamos bien y volvemos a medir.

Así sabemos aproximadamente la concentración final que están recibiendo las raíces.

No existe una EC perfecta para todas las plantas. Lechugas, aromáticas, fresas, tomates o pepinos pueden tener necesidades diferentes.

Por eso debemos ajustar la solución dependiendo del cultivo.

El pH también es fundamental

El segundo valor importante es el pH.

El pH influye en la capacidad que tiene la planta para absorber determinados nutrientes.

Puede ocurrir que nuestro depósito contenga suficiente hierro, calcio, fósforo o magnesio y, sin embargo, la planta presente síntomas de carencia porque el pH no permite absorberlos correctamente.

En muchos cultivos hidropónicos suele trabajarse aproximadamente alrededor de pH 5,5 a 6,5, aunque el intervalo adecuado depende de la especie.

Por eso es importante consultar las necesidades concretas de cada cultivo.

Otro detalle importante: lo aconsejable es medir el pH después de haber añadido los nutrientes, porque los propios fertilizantes pueden modificarlo.

¿Qué ocurre con el cloro?

El agua potable suele ser desinfectada para impedir el crecimiento de microorganismos.

Uno de los productos utilizados tradicionalmente es el cloro.

En concentraciones normales de agua potable no significa necesariamente que nuestro cultivo vaya a morir, pero algunos cultivadores prefieren reducir su presencia, especialmente cuando utilizan microorganismos beneficiosos en la solución nutritiva.

Aquí aparece un consejo muy conocido: dejar reposar el agua.

El cloro libre puede disminuir con el paso del tiempo, especialmente si el agua está expuesta al aire.

Pero existe un detalle importante que muchas guías antiguas no explican.

Cloro y cloramina no son lo mismo

Algunas compañías de suministro utilizan cloramina en lugar de cloro libre.

La cloramina es mucho más estable.

Por eso, simplemente dejar un recipiente con agua durante 24 horas no garantiza que desaparezca.

Antes de complicarnos comprando filtros o tratando el agua conviene consultar a nuestro proveedor para saber qué sistema de desinfección utiliza.

Si el agua contiene cloramina y realmente necesitamos eliminarla, existen sistemas de filtración específicamente diseñados para hacerlo.

¿Qué es el agua dura?

Seguro que alguna vez has oído hablar de agua dura y agua blanda.

Un agua dura contiene principalmente mayores concentraciones de calcio y magnesio.

Estos minerales no son enemigos de las plantas. De hecho, ambos son nutrientes importantes.

El problema puede aparecer cuando su concentración es muy elevada o cuando la composición del agua dificulta mantener estable la solución nutritiva.

Una señal típica puede ser que ajustemos el pH y, poco tiempo después, vuelva a subir.

También pueden aparecer depósitos blanquecinos de minerales en tuberías, depósitos, bombas o goteros.

Si esto sucede repetidamente, merece la pena investigar la calidad del agua.

¿Entonces hay que comprar agua embotellada?

No necesariamente.

Utilizar agua mineral embotellada puede parecer una solución fácil, pero tiene varios inconvenientes.

Primero, puede resultar bastante cara si utilizamos depósitos grandes.

Segundo, algunas aguas minerales tienen precisamente una cantidad importante de sales disueltas.

Por eso una botella de agua mineral no tiene por qué ser mejor que el agua del grifo para hidroponía.

Lo correcto sería comprobar igualmente su EC.

¿Y el agua de ósmosis?

La ósmosis inversa es una opción muy utilizada cuando el agua disponible tiene demasiadas sales.

Estos equipos eliminan gran parte de los minerales presentes en el agua.

De esta manera partimos de un agua con una EC muy baja y podemos controlar con mucha precisión los nutrientes que añadimos posteriormente.

Esto resulta muy interesante para cultivadores avanzados.

Pero para un pequeño huerto hidropónico doméstico no siempre es necesario.

Si el agua de tu grifo tiene una calidad razonable, tus plantas crecen correctamente y puedes mantener estables el pH y la EC, no existe motivo para complicar el sistema.

¿Podemos utilizar agua de lluvia?

También es posible, pero debemos tener precaución.

El agua de lluvia puede recoger polvo, suciedad, microorganismos y residuos de tejados o canalones.

Por eso, si queremos utilizarla, necesitamos un sistema de recogida limpio y un depósito correctamente protegido.

No debemos asumir que un agua es perfecta simplemente porque sea natural.

La forma más sencilla de preparar el agua

Para alguien que empieza en hidroponía, el procedimiento puede ser muy sencillo:

  1. Llena el depósito con el agua que vas a utilizar y mide su EC inicial.
  2. Añade los nutrientes siguiendo las indicaciones del fabricante.
  3. Mezcla bien toda la solución.
  4. Vuelve a medir la EC.
  5. Comprueba el pH.
  6. Ajusta el pH poco a poco si fuera necesario.
  7. Durante el cultivo revisa periódicamente tanto el pH como la EC.

Con estas pocas mediciones podemos evitar una gran cantidad de problemas.

Un error frecuente entre principiantes

Imaginemos que utilizamos un fertilizante cuya dosis está calculada pensando en un agua relativamente limpia.

Nosotros llenamos el depósito con un agua que ya contiene una elevada cantidad de minerales.

Después añadimos la dosis completa del fertilizante.

El resultado puede ser una concentración mucho mayor de la esperada.

Por eso el medidor de EC es tan útil.

No nos dice exactamente qué mineral hay dentro del agua, pero sí nos proporciona una referencia muy valiosa sobre la concentración total de sales.

¿Necesito comprar un medidor de pH y otro de EC?

Para alguien que pretende mantener un cultivo hidropónico durante tiempo, son dos herramientas muy recomendables.

Actualmente existen medidores digitales pequeños y económicos.

Eso sí, debemos mantenerlos correctamente y calibrarlos periódicamente.

Un medidor mal calibrado puede ser peor que no medir nada, porque podemos modificar una solución que en realidad estaba correctamente preparada.

Primero medir y después corregir

Una de las mejores reglas que podemos aplicar en hidroponía es:

No tratar de solucionar un problema que todavía no sabemos si existe.

No necesitamos instalar inmediatamente un filtro de ósmosis.

Tampoco necesitamos comprar agua especial.

Y no debemos añadir productos para modificar el agua sin saber previamente qué valores tenemos.

Primero medimos.

Después analizamos.

Y finalmente corregimos solamente aquello que realmente necesita ser corregido.

Conclusión

El agua del grifo puede utilizarse perfectamente en muchos cultivos hidropónicos domésticos.

Lo importante es conocer el punto de partida.

Controlando la EC, el pH y la estabilidad de nuestra solución nutritiva podremos saber rápidamente si el agua que utilizamos está funcionando correctamente.

Si encontramos problemas de dureza excesiva, acumulación de sales o dificultades constantes para estabilizar el pH, entonces sí podemos estudiar alternativas como la filtración o la ósmosis inversa.

La hidroponía nos ofrece precisamente esa ventaja: podemos controlar casi todo lo que reciben nuestras plantas.

Y cuanto mejor conozcamos nuestra agua, más fácil será conseguir raíces sanas, plantas vigorosas y mejores cosechas.

 

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